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En Praia do Pinho (Brasil) no hay rodeos ni preámbulos. Apenas se cruza un portón, para estacionar el auto se puede ver gente desnuda jugando paleta o hirviendo fideos. Así de simple. El balneario es naturista, para los entendidos y practicantes. Para la mayoría es nudista, aunque alguien se enoje por el término. Se trata de la primera playa de ese tipo de Brasil, 80 kilómetros al norte de Florianópolis. Es un boom: 4.000 mil turistas la visitan por día. Pero más allá de su tradición, es la única playa del sur catarinense que ofrece un complejo naturista, es decir un lugar donde para dormir, desayunar, almorzar, cenar, bañarse y entretenerse no hace falta armar un gran bolso con ropa. Hasta allí también llegan argentinos.
"La regla más importante es que en la playa es obligatorio estar desnudo. De éste lado, es una elección. Aunque es lógico que quien elige desnudarse en la arena, lo siga haciendo acá", avisa Valdir Nei de Melo, de la asociación naturista que gestiona el lugar. Valdir está "acá", es decir del lado de las cabañas, el camping y el restorán, donde desnudarse es una alternativa. Pero Valdir recibe a Clarín desnudo de pies a cabeza. Y para que un periodista pise la arena sin quitarse la ropa, hay que tener un permiso especial. Los brasileños están más que dispuestos a posar, de frente, de espaldas o haciendo lo que estaban haciendo, por más que no sea la posición más decorosa. Los argentinos, en una minoría de diez contra uno frente a los locales, prefieren no salir, pero sí hablar. "Me siento más libre, más cómodo", simplifica Luis Ganzo (59), recostado en una reposera, de cuerpo entero al sol. A sus espaldas está la torre de los guardavidas. "Al principio incomoda", se sincera José Eduardo, de 18 años, recién recibido y que no puede evitar un gesto de impresión.
En Praia do Pinho muchos permanecen y pasan sus vacaciones por completo. Entre cabañas y carpas, por estos días, se hospedan 130 personas, y en total unos 20 argentinos. A lo largo del verano, se habrán alojado más de 1.000 turistas. Néstor, a secas, es misionero y docente. Está acampando desde el 20 de diciembre y promete quedarse hasta el 6 de febrero. Dice estar "cómodo desnudo". No lo parece. Cuando conversa, recostado en una hamaca paraguaya, se tapa de la cintura para abajo. Su mujer, sin corpiño, juega con un chico.
En el camping y las cabañas (completas, con aire acondicionado, salen $ 400 por día) casi nadie usa ropa. Apenas unas toallas se secan al sol. A la nochecita la mayoría hace los preparativos para cenar. Se reúnen en algunas de las dos cocinas comunitarias. Las mujeres preparan ensaladas y los hombres organizan la parrilla. Como el común de una familia o pareja, pero desnudos. "Tiene que venir a ver cómo festejamos el carnaval en febrero... Miren", convida Graciña, un brasilera de Florianópolis que muestra unas fotos. Parece chiste, pero en ellas y, por primera vez en todo el día, los huéspedes están vestidos, cubiertos de arriba a abajo.
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Es una verguenza lo de cantarrijan,2 ...
En Cantabria Somocuevas y Cabo de Oya...
Hace mucho tiempo que ese grupo no ex...
Cuales son las normas y procedimiento...
ya lo se gracias jajajajajaja