Objeción de conciencia nudista

Nudistas en Barcelona En el caso de Cádiz, Malgrat o Pamplona nos encontramos que sus alcaldesas se saltan las leyes fundamentales para imponer unos criterios morales propios a toda la ciudadanía y los nudistas nos encontramos obligados o bien a renunciar a nuestra ideología y a la libertad de expresión bajo la amenaza de sanciones o ejercer la objeción de conciencia ante estos abusos y atenernos a sus consecuencias. Quizá alguno diga que no existe el derecho a la objeción de conciencia en este caso, sin embargo el autor continúa:

La falta de la ley que regule esta objeción no constituye un obstáculo. El Tribunal Constitucional descartó ya esta exigiendo en su sentencia 15/1982 al sentar con toda claridad que la objeción de conciencia forma parte del derecho fundamental a la libertad ideológica y religiosa reconocida en el artículo 16 de la Constitución “directamente aplicable en materia de derechos fundamentales”. “Puede afirmarse que es un derecho reconocido explícitamente e implícitamente en la ordenación constitucional española; se insistió en la sentencia 161/1987 en el fundamento razonable que supone la procedencia en convicción es que “provengan de un sistema de pensamiento coherente y suficientemente orgánico y sincero”, es decir, “solamente aquellas ideologías que merecen el nombre de convicciones o creencias aunque no se apoyen en consideraciones religiosas”, como también señaló el Tribunal de Derechos Humanos de Estrasburgo el 25 febrero de 1982.

La ideología nudista, como ya hemos comentado muchas veces, promueve una visión positiva de la desnudez humana, que sirve para el crecimiento personal y social y que no tiene carácter sexual.

Por supuesto, dentro de la ideología nudista hay muchas variantes y matices, desde la ecologista y naturista donde la visión positiva es una unificación con la naturaleza mediante la desnudez, la anarquista que propone una forma de ruptura con normas sociales que consideran caducas y sólo basada en prejucios o incluso hasta la vertiente cristiana que ven en la desnudez una comunión con la obra de Dios y una forma de romper con la creencia de que el cuerpo humano, creación de su Dios, es pecaminoso en si mismo, dejando claro que el pecado es algo personal.

Sin embargo es esta visón positiva de nuestra desnudez la que une a veinte millones de nudistas en Europa y muchos más en el resto del planeta, aun así hay grupos de intolerantes que niegan el estatus de ideología al nudismo por el simple hecho de que hasta ahora nos hemos limitado a vivir y dejar vivir (y por que en general niegan el derecho a todos los que no piensen como ellos).

[…] Se apoyaran estos en un derecho fundamental fundado en una ideología que como dijo también el Tribunal de Estrasburgo proviene de un sistema de pensamiento coherente y que por merecer la calificación de convicción o coherencia está en nuestra Constitución reconocida como derecho fundamental. No se trata de una posición de resistencia civil ni, por supuesto, de una actitud de conciencia capaz de relativizar los mandatos jurídicos como quería evitar el Tribunal (sentencia 160/1987), sino la oposición al cumplimiento de un deber general por un motivo tan arraigado en la esencia de los derechos de libertad.

Y es eso precisamente lo que defendemos, la resistencia a normas de “convivencia”, decretos de alcaldía y otros trucos “legales” con los cuales se han vulnerado los principios básicos de nuestra Constitución, con los que rompen con el marco de libertades que todos habíamos aceptado y que llamamos democracia.

Dicha resistencia tiene dos vertientes, la legal, siguiendo los procedimientos del Estado de Derecho llevando ante los tribunales aquellas normas que consideramos ilegales y también está la de simplemente hacer caso omiso a la autoridad negándonos a acatar aquellas normas que consideramos que vulneran nuestras libertades a sabiendas de a que nos atenemos.

Por otra parte, y para disipar dudas, sobre la objeción de conciencia por razones ideológicas también ha insistido el Tribunal en la aplicación directa del artículo 16 sin ley que lo regule en las varias ocasiones en las que ha tenido que resolver sobre situaciones de incumplimiento de deberes legales (incluso tan exigentes como los de la disciplina militar), apoyándose en la libertad ideológica. La doctrina acuñada reconoció (sentencia 177/1996) el derecho de alegar la objeción de conciencia para “hacer valer la vertiente negativa de la libertad religiosa frente a la participación en un acto que se estimó como de culto en contra de su voluntad y convicciones personales”. Parece que esta doctrina (por otra parte reiterada en la sentencia 101/2004) permite dar por reconocido el derecho a invocar la objeción de conciencia para abstenerse de cumplir un deber legal, con fundamento en el derecho de libertad ideológica sin necesidad de previa ley de desarrollo.

En dicha sentencia se le daba la razón a un soldado que se negó a ir a una misa militar por ir en contra de sus convicciones.

En el tema nudista nos encontramos en una situación similar, en un espacio público se nos obliga a ir en contra de nuestras convicciones vistiéndonos bajo amenazas escudándose en un inexistente derecho a no ver o una falsa defensa de la infancia, usando a los niños como escusa de sus más bajos prejuicios, cuando en realidad los pocos estudios psicológicos sobre el tema resaltan los beneficios del nudismo y de la visión de la desnudez no sexual en la aceptación del propio cuerpo durante la infancia.

Nos hallamos ante una magna operación intervencionista en las libertades de la sociedad que trata de afirmar el derecho del estado a educar moralmente a sus ciudadanos.

Si bien el autor escribía esta frase en defensa del sector que menos cree en la libertad y que con mayor ahínco trata de limitar nuestros derechos, el texto es perfectamente extrapolable a la defensa de la ideología nudista ya que, tal y como decía Thomas Paine Quien quiera asegurar su libertad, que proteja contra la opresión incluso a su enemigo, pues si infringe esa obligación, sienta un precedente que le alcanzará también a él y esa debería ser precisamente la labor de los jueces, sobre todo los de muy altas instancias.

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