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A pie desnudo

Joan Descalç 

Los nudistas nos desnudamos para contactar con la naturaleza, dejando cuidadosamente aislado el órgano más adecuado para ello, el que primero contacta con el mundo:

el pie

Tenemos tan asumido el calzado que nos parece imposible prescindir de él. Pero se puede. El pie ha evolucionado desnudo, no necesita ningún soporte ni protección adicional para desarrollar su función. El calzado sólo debería ser una herramienta a usar en determinadas circunstancias.

Caminar descalzo, además de ser fácil y natural, es todo un placer, pues hay unas 200.000 terminaciones nerviosas en cada planta; cada paso es, pues, una experiencia sensorial irrepetible; la hierba, la roca, el agua, la tierra… siempre diferentes, siempre atrayentes.

Pero cuidado, caminar descalzo es adictivo: la libertad y el ansia de nuevas sensaciones pueden llevar a prescindir del calzado siempre.

Andar descalzo

El pie humano es el resultado de millones de años de evolución

Una eficaz estructura que permite caminar largas distancias soportando el peso de un ser humano sin ayuda de elementos externos, como el calzado, que sólo tiene un par de siglos de uso generalizado en occidente. El entramado de músculos y huesos permiten una perfecta adaptación del pie a la superficie del suelo que pisa amortiguando el golpe, repartiendo el peso del cuerpo, evitando lesiones y logrando un máximo impulso. Los dedos, hábilmente situados, mantienen el equilibrio y optimizan el impulso y el agarre en terrenos resbaladizos.

El talón, formado por un gran hueso fijo permite apoyar en él todo el peso del cuerpo cuando no se camina. En la parte arqueada del pie existe una zona muy vascularizada, casi como una esponja, que al deformarse en cada paso bombea sangre hacia arriba por las piernas. Algunos autores llaman a esta zona ‘el segundo corazón’ y su acción es notable cuando se camina sobre terreno irregular. Bajo la piel una capa especial de grasa ayuda a amortiguar los impactos y aislar de la temperatura, pero no del tacto, el pie es un órgano táctil como la mano que transmite gran cantidad de información sobre lo que toca y que es esencial cuando no podemos ver lo que pisamos.

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El pie humano evolucionó muy rapidamente para adaptarse al bipedismo

Los pies evolucionaron más rápido que las manos

Extracto de una entrevista a Carlos Lorenzo, paleontólogo investigador del Instituto de Paleontología Humana y Evolución Social (IPHES) e integrante del Equipo de Investigación de Atapuerca

¿Cómo han evolucionado las manos y los pies?

Es muy interesante comparar el ritmo de evolución diferente entre las dos extremidades de los homínidos. Una de las características fundamentales de los homínidos es caminar de forma bípeda, utilizando sólo nuestras extremidades inferiores. La eficacia en este tipo de locomoción es muy importante y por este motivo los pies evolucionan por selección de forma rápida para adaptarse a su nueva función. Los pies de los homínidos de hace dos millones de años ya eran prácticamente iguales a los nuestros y no podemos distinguir fácilmente entre los fósiles de pie de las especies del género Homo. Por el contrario, la evolución de la mano es más lenta y las manos de los primeros Homo, neandertales, prenenadertales y Homo sapiens tienen morfologías ligeramente distintas.

¿Cómo eran las manos y los pies de los Homo heidelbergensis que vivieron en la Sierra de Atapuerca?

Los pies eran muy similares a los nuestros. En cambio, en las manos podemos destacar su mayor robustez respecto a las manos de los humanos actuales. Aunque la longitud de los dedos era similar, sus dedos eran más robustos y anchos que los de los Homo sapiens. Además, otras características del carpo (huesos de la muñeca) y de sus metacarpos y falanges (huesos de la palma de la mano y dedos, respectivamente) indican que podrían agarrar objetos con mayor eficacia que la que tenemos nosotros.

La entrevista completa se puede leer en Diario de Burgos.

nudista descalza

Pocos son los nudistas que se atreven a prescindir del calzado

descalzos por el centro comercial

Es habitual pensar que ‘se coge frío por los pies’ pero no es así, un pie habituado a la desnudez regula la temperatura con gran eficacia gracias, en buena parte, al mencionado ‘segundo corazón’, a pesar del frío que pueda hacer: hay descalcistas que caminan sin problemas por la nieve, aunque cada pie tiene su límite de temperatura. Esta hábil regulación de temperatura no es inmediata; sacar un pie calentito o sudado de un zapato al aire fresco es una buena manera de resfriarse, como quitarse la camiseta después de sudar.

Caminar descalzo es fácil, la humanidad lo ha hecho siempre pero hay que olvidar el calzado para empezar. Cuando se camina calzado se da primero un taconazo al suelo y rapidamente se deja caer sin más el resto del pie. Sin una dura suela debajo, más vale no hacerlo así, aunque la mayoría de los ‘calzadistas’ cuando se descalzan siguen haciéndolo. De esta manera es el talón quien llega con todo el peso al suelo y su rigidez le impide adaptarse y la rápida caída de la planta a continuación le impide reaccionar en caso de encontrar algo desagradable.

Caminando a pie desnudo es conveniente apoyar el peso en la parte delantera, justo por detrás de los dedos, independientemente de que parte del pie toque primero el suelo, ya que esta parte del pie, por su estructura de huesos y músculos, se adapta a lo que pisa y amortigua el golpe. Lo normal es apoyar de vez todo el pie en el suelo al tiempo que el peso se carga delante, es un andar ‘felino’. En ocasiones, en terrenos muy ‘difíciles’ se camina sólo con la parte delantera del pie.

Con la práctica y de un modo intuitivo se va reaprendiendo a adaptar la forma de caminar a las características del terreno vigilando donde se ponen los pies, lo cual no quiere decir que haya que mirar al suelo continuamente. Con la práctica se desarrolla una especie de sexto sentido, mezcla de vista y tacto, que evita accidentes.

Caminando descalzo, el pie no impacta con fuerza sobre el suelo, lo que evita lesiones en las articulaciones y la columna al tiempo que se fortalece toda la musculatura del pie y la pierna previniendo torceduras de tobillo y otros percances.

El contacto del pie con la naturaleza es suave y dada, además, la vigilancia que se pone en ello es muy difícil dañar los más delicados ecosistemas. Caminar descalzo es pues la mejor manera de respetar la naturaleza al tiempo que se está en íntimo contacto con ella. Cada paso es diferente del anterior; el mundo deja de ser una aburrida superficie de cuero para ser un mundo de sensaciones táctiles y una fuente de salud.

 

Joan Bertrand en su blog Descalç!

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En Alemania existe gran tradición de andar descalzo y allí tienen gran éxito los ‘Barfuß Parks’ parques temáticos para andar descalzo en todo tipo de terrenos y texturas

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Andar descalzo

Los nudistas nos desnudamos para contactar con la naturaleza, pero nos solemos olvidar del órgano más adecuado para ello: el pie

 
 

Un comentario

  1. Martín Altozano del Fresnedo dice:

    Me parece una página que me invita a ser más consistente y despreocupado de ejercer mi derecho de andar descalzo. Ojalá pudiera llegar a ser pronto un descalcista de tiempo completo. Saludos

Dinos que te parece

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