Stephen Gough

Historia de un preso político nudista

“Podemos terminar viviendo la vida que los demás esperan de nosotros o vivir sobre la base de nuestra propia verdad. La diferencia entre vivir una vida consciente o una inconsciente. Y esa es la diferencia entre vivir y no vivir”

imagen de Escocia desde el espacio

Escocia desde el espacio

El senderista desnudo

Un hombre dispuesto a ir a la cárcel por su derecho a estar desnudo

Neil Forsythguardian.co.uk

Hace seis años, Stephen Gough el “Senderista Desnudo”, caminó desde Land’s End a John O’Groats, lo que le trajo fama mediática y una pena de prisión, luego otra y otra y… Pero ¿Por qué ha estado encerrado desde entonces?

Steven Gough
Penitenciaria de Perth

Invierno en la penitenciaria de Perth

El río Tay arrastra pedazos de hielo en su viaje cuando pasa junto a los muros de la prisión. La respiración de los presos se condensa por el frío mientras dan vueltas tristemente por el patio. En esta época del año, muchos optan por no hacer su ejercicio permitido al aire libre. Los pasillos de piedra que llevan al Hall están en silencio, sus 133 presos están recluidos temporalmente en sus celdas mientras uno de ellos es traído a mi encuentro. Para muchos de los presos este hombre es un extraño. Tienen más posibilidades de ver su cara en un periódico que en la prisión que comparten.

Stephen Gough ocupa un universo paralelo en el HMP Perth.

Mientras que la prisión se mueve a través de su agenda diaria y mientras los otros prisioneros van a los talleres o a recibir sus visitas, el se queda recluido en su celda. A las ocho y media de la noche, cuando el edificio queda cerrado y se recluyen a los presos en sus celdas, a él se le saca de la suya durante media hora. Vacía su basura, envía sus cartas y toma una ducha. Y con suerte tendrá tiempo para un paseo rápido por los vacíos pasillos.

Esta mañana Gough, de 52 años, viene a mi encuentro, por lo que el resto de los presos esperan detrás de sus puertas. Lo han conducido desde su celda, a lo largo del pasillo, bajando las escaleras. Oigo el sonido de sus pies descalzos sobre la piedra antes de que él entre en la oficina.

“Encantado de conocerte” —dice Gough cortésmente.

Nos damos la mano, y por un momento no está seguro de dónde sentarse. Con la rutina aprendida de un preso de larga duración a la espera de instrucciones. Su cuerpo es pálido y delgado, manchado por hebras de cabello castaño. Su pene cuelga en el aire frío entre nosotros.

Los Medios de comunicación le llaman Gough el Senderista Desnudo. Está condenado a 657 días por romper la paz y desacato al tribunal.

Finalizada su condena, cometió desacato al salir desnudo del penal de Perth.

Fue llevado a la corte por el Alguacil de Perth y se representó a sí mismo desnudo. Ese fue el desacato. Cuando regresó a la prisión, la celda estaba tal como él lo había dejado, ni siquiera se había molestado en hacer las maletas.

Steven Gough

La última condena de Gough es la decimoséptima en diez años

Desde mayo de 2006 ha encadenado una serie de cortas condenas de prisión interrumpidas por unos fugaces momentos de libertad.

Ha estado, pues, un total de seis años de prisión preventiva por negarse a vestirse. En una reciente vista oral, los magistrados insinuaron que podría pasar en prisión el resto de su vida. “La gente a menudo tiene que ir a la cárcel muchos años antes de que otros vean la luz.” —Dijo.—

Le pregunto cómo es esto. “Bueno, ya sabes. Te adaptas”.

Entonces, ¿cómo un hombre inteligente, simpático y serio a llegado a perder su libertad por su derecho a estar desnudo?

Después de una temporada en la Marina Real, y un coqueteo con la secta Moon en Tailandia, Gough pasó casi 20 años en su ciudad natal de Eastleigh, Hampshire. Trabajó como conductor de camión y se involucró en grupos ambientalistas y de vida comunal.

En el 2000, con 40 años, se mudó por un año a Vancouver con su pareja y sus dos hijos.

“Yo no tenía trabajo en Canadá” —dice Gough— “Pasé el tiempo cuidando a los niños y dando paseos. Un día estaba caminando y pasó algo. Tuve una epifanía: me di cuenta de que soy bueno. Siendo británico tenemos interiorizado en nuestra educación que no somos buenos y que debemos vigilarnos a nosotros mismos. Puede que esta idea venga de la religión o de la escuela. Me di cuenta de que a un nivel básico, yo era bueno, todos nosotros somos buenos, y usted puede confiar en una parte de si mismo”.

Esta auto-realización ha llevado a menudo a Gough a elegir estar desnudo en público: si él es bueno, por lo tanto su cuerpo también lo es. “El cuerpo humano no es ofensivo” —dice— “Si como seres humanos decimos lo contrario, entonces es que no somos racionales”.

Su ex pareja fue “más conservadora” y la visita a sus padres resultó desastrosa.

“Una mañana llegué a desayunar desnudo y ahí se acabó todo” —dice Gough rotundamente— “El caso es que sus padres ni siquiera se ofendieron.”

Regresaron a Eastleigh juntos, pero Gough fue a vivir con su madre. Dice que volvió a Inglaterra con una intensa apreciación de lo que podría ofrecer la desnudez, y cuestionando “las cosas que se nos enseña a creer que son correctas”. Visitó una comisaría de policía de Eastleigh y les preguntó si era ilegal andar desnudo por las calles. “No pudieron darme una respuesta” —comenta.

Su primera caminata al desnudo fue efímera. En enero de 2003 salió de casa de su madre y se dirigió al centro de la ciudad de Eastleigh.

“Realmente no sucedió nada” —dice— “Hubo un hombre que gritó: «¡Esto es asqueroso!» pero estaba comiendo un bocadillo, así que igual fue por eso”

Steven Gough

Estaba a punto de entrar en un mercado cubierto cuando la policía llegó apresuradamente

A raíz de su juicio fue adoptado por varios grupos naturistas

La BBC informó que salió desnudo ante “una multitud de seguidores”. Las fotos muestran un musculoso y saludable Gough, sonriente en los escalones de la corte. “Necesitaba seguir mi verdad” —recuerda— “para seguir haciendo preguntas”.

Ese verano, Gough partió de Land’s End (es la punta suroeste del Reino Unido) vistiendo únicamente unas botas de montaña y una mochila. Su destino previsto era John O’Groats (la punta nordeste del país). En su primer día la prensa de Cornish publicó una serie de artículos joviales. En su segundo paseo fue detenido brevemente en St. Ives, y luego puesto en libertad.

En la periferia de la ciudad, fue atacado brutalmente:

“Un par de chicos me agredieron. Me dieron una patada en la cabeza y me hicieron esto” —señala a su nariz torcida— “Yo pensé, ¿es esto lo que va a pasar? Pero en realidad ese fue el único problema real que tuve hasta que llegué a Escocia”.

En su viaje a través de Inglaterra, rodeando ciudades y durmiendo a la intemperie, Gough fue detenido “a menudo” por la policía. Se tuvo que poner la ropa y explicar lo que estaba haciendo. “Los oficiales estaban perplejos. –dice- lo sacaban a escondidas por la puerta trasera de las comisarías. Alguien dentro del sistema judicial, que no quiere ser nombrado, me comentó más tarde que la policía inglesa a veces había sacado discretamente a Gough fuera de las fronteras del condado.

Desnudo de punta a punta del país

Steven Gough
Steven Gough
Steven Gough
Steven Gough

En Escocia, sin embargo, se encontró con la oposición más decidida

En las tierras altas fue detenido en varias ocasiones por la policía y finalmente condenado por “quebrantamiento de la paz”

Pasó cuatro meses en la penitenciaría de Inverness, una experiencia que encontró “bastante enriquecedora”. Fue su primera experiencia de discriminación. “Me fortalecí y aprendí más sobre mí mismo. Eso es lo que haces en situaciones extremas”.

Tras su liberación, se lanzó una ofensiva final hacia John O’Groats. Estaba a pocos días de la punta norte de Gran Bretaña cuando un coche se detuvo y bajó un hombre. “Me dijo que había leído acerca de mí y me había estado buscando durante días. Tenía un termo de sopa y pastel, y me deseó suerte.” Llegó a John O’Groats el 22 de enero de 2004 y los medios estaban esperando. Posó para las desenfadas fotos en el icónico poste de señales y el personal del hotel le obsequió con una botella de champán. “Fue una gran sensación” —dice— “Pensé que con esto se terminaba todo”.

Volvió a Eastleigh, compró una camioneta y se dirigió a Studland, un pueblo popular entre los entusiastas de la vida alternativa. Trató de escribir un libro sobre la caminata, pero se vio acosado por una duda: “Me quedé pensando que mi lucha había sido comprometida. ¿Entonces por qué me puse la ropa cuando la policía me detuvo? Eso estuvo mal, me derrotaron”. La duda creció hasta que tuvo que afrontarla. Haría el viaje de nuevo, esta vez “sin concesiones”. Partió de Land’s End con su nueva novia, Melanie Roberts, en junio de 2005.

En Inglaterra fue más fácil esta vez.

Fotos en internet mostrando a Gough y Roberts desnudos en medio de los sonrientes clientes de los bares y comprando sin ropa en los supermercados. Las relaciones con la policía no eran más que una simple molestia. “Por lo general lo que hacían era preguntarnos que estábamos haciendo” comenta Gough. Se lo decíamos y eso era todo.

Una vez más, fue en Escocia donde se metió en problemas. “Nos detuvieron en Edimburgo” —dice— “Y yo estaba siendo un poco intransigente, entonces.” Por intransigente, Gough lo dice por que se negó a vestirse para la corte y se declaró no culpable de “violación de la paz”. Roberts, por otra parte, se vistió, se declaró culpable y se quedó en un albergue, mientras que Gough pasó dos semanas en la cárcel de Saughton.

Steven Gough
Steven Gough
Steven Gough

¿Causó eso tensiones entre vosotros? “La gente tiene que poder hacer lo que quiera” —dice Gough— “Estoy por la libertad, así que acepté su decisión”.

Volvieron a ponerse en marcha en medio de un creciente interés por parte de los medios de comunicación. Un equipo documental que grababa una película sobre Gough y Roberts les llevó a través de un pueblo con un gaitero. Sin embargo, lo que Gough recuerda como un “ambiente de carnaval”, le trajo más problemas. Mientras que muchos de los cuerpos de la policía escocesa, habían decidido en el pasado hacer caso omiso de Gough, al extenderse su fama hizo que esto fuera cada vez más difícil. Para la policía, la masa crítica se alcanzó cuando, una vez más, entró en la recta final de su viaje.

“Me arrestaron de nuevo” —dice simplemente Gough— “De vuelta a la cárcel. Otros cinco meses”.

Gough y Roberts llegaron a John O’Groats en febrero de 2006. Una vez más, habían terminado su periplo en los meses más fríos del año. “Hacía bastante frío, pero era soportable” —dice desafiante— insistiendo en que la temperatura sólo es un problema “cuando te detienes, ya que es cuando te agarrotas. El truco está en seguir adelante”, los periodistas locales informaban mientras Gough y Roberts caminaban con estoicismo bajo una lluvia que les azotaba.

Los dos dormían completamente vestidos en sus sacos de dormir, dice Roberts. “Cuando cuaja la nieve es difícil salir del saco de dormir, por no hablar de quitarse la ropa para hacer una caminata de 22 millas”.

Hicieron algunas concesiones al clima.

“Nos llevamos gorros, calcetines gruesos, guantes y botas de montaña”, dice Roberts. “Comimos un montón de hidratos de carbono y caminamos rápido. A medida que nos acercábamos a la meta, era más fácil olvidar el frío y el dolor”.

“Hubo menos fotógrafos” —comenta Gough de su segunda llegada a John O’Groats— “y el champán del hotel que me dieron era una miniatura”.

Roberts Volvió a su Bournemouth natal con las fechas del juicio ya fijadas, lo que significaba que tendría que volver a Escocia, y con una relación que, lejos de aquella atmósfera única de la caminata, ya no funcionaba.

“Ella sintió que la causa significaba más para mí que para ella” —dice Gough.

“Fue muy triste” —recuerda Roberts— “Steve sabía que iba a estar mucho tiempo en la cárcel. Habíamos terminado con la relación antes de llegar al avión. Me preocupaba por él, pero yo sabía que él iba a sufrir si no seguía lo que sentía que era verdadero y justo”.

El 18 de mayo de 2006, Gough —completamente vestido— abordó el vuelo de las 6:45 de Southampton. Después de que el piloto anunciara el aterrizaje en Edimburgo, Gough fue al cuarto de baño y salió desnudo.

“Yo tenía claro que quería ir a la corte desnudo y de repente pensé, ¿por qué no ahora? La azafata me preguntó si quería ponerme la ropa de nuevo. Le dije educadamente que no y se fue”.

“No pasó nada hasta que aterrizamos e intervino la policía”

Gough fue detenido

Su abogado en ese momento, John Good, describe la audiencia en la corte no muy lejos de una farsa

Se supo que después de que Gough volvió desnudo del cuarto de baño, y el pasajero sentado junto a él reaccionó durmiéndose. El único asunto reseñable, según el agente que arrestó y sacó a Gough del avión fue la encantada reacción de una despedida de soltera. Para Gough, sin embargo, su stripteas en el aire significó una condena de cuatro meses. Ha estado en prisión desde entonces.

Gough no está loco. “Ellos me hacen evaluaciones todo el tiempo” —sonríe— “Yo estoy en la cima de mis facultades mentales. Lo tengo muy claro. Si decaigo, inmediatamente me reafirmo en mi causa, tratando de encontrar una solución”.

Salió después de más de dos años de aislamiento con impecables exámenes psicológicos.

“Si usted o yo pasamos dos años en aislamiento, bueno…” —dice Good— “probablemente mostraríamos algún signo de trauma. Esto demuestra cómo se ha centrado y vuelto inmune a esta situación”.

Gough está de acuerdo: “Yo vivo en un nivel más profundo”. Sin embargo, admite experimentar dudas sobre su postura. “Sí, por supuesto. Me levanto por la mañana y pienso, ¿pero qué coño hago yo aquí? Pero lo que estoy haciendo no es por mí. Estoy desafiando a una sociedad, y debe ser desafiada porque está mal”.

En Escocia, el quebrantamiento de la paz se define en parte como:

“una conducta que hace o podría hacer que los súbditos se situasen en un estado de miedo, alarma o molestia”.
Steven Gough
 

La fiscalía ha logrado en muy pocas ocasiones reunir testigos para denunciar que la desnudez de Gough haya tenido alguno de estos efectos en ellos

Lo que lo mantiene en la cárcel no es más que la idea “teórica” de que podría causar esos daños

 

“No creo que una persona razonable y normal sintiera alguna de esas cosas si me vieran [desnudo] en la calle” —dice Gough—. Él cree que para lograr su objetivo declarado —dejar la prisión de Perth y volver a Eastleigh desnudo— “la ley no tiene por que cambiar, sólo la interpretación”.

Dos veces jueces escoceses fallaron a favor de Gough alegando que no había cometido ningún delito, ni por estar desnudo en público, ni por estar desnudo en la corte. “Las dos veces fueron mujeres de edad avanzada” —señala Good, quien representó a Gough desde hace más de tres años (hasta que se separaron en 2010 para que Gough se representarse a sí mismo, haciendo mucho más difícil el ser expulsado de la sala por estar desnudo). “Stephen decidió irse de la corte desnudo y fue arrestado por estar desnudo en público”.

Inicialmente, Gough era una novedad jurídica en Escocia y los apoyos vinieron de sitios sorprendentes.

En 2008 el abogado Joe MacPherson, de Edimburgo, procesador de Gough, tiene una opinión con la que dice que se siente incómodo. “Me fijé en el caso y el hecho de que un hombre se pasease desnudo por una calle pública no causaría el miedo y la alarma necesaria para una persona común y corriente. Sería extraño, o quizá divertido, pero nada más. El juez dijo que tenía las manos atadas. Que simplemente ver el pene de un hombre se consideró suficiente para causar temor y alarma”.

Finalmente, el caso de Gough fue escuchado en la corte de apelación de Escocia, donde se encontró que el quebrantamiento de la paz debe ser interpretado para criminalizar su conducta. Desde entonces, los jueces escoceses han caído en hilera, sus sentencias han aumentado constantemente al máximo y, en caso de mantener el negarse a vestir, se verá atrapado en un ciclo interminable de dos años de prisión que se convertiría en una cadena perpetua de facto.

Él insiste en que si se le permitiese regresar a su casa en Eastleigh desnudo, dejaría de ser visto desnudo en público “cuando no tengo que hacerlo nunca más”.

Los tribunales, las prisiones y la policía están lejos de intentar una solución. “Cada mañana se le pregunta al señor Gough si él está dispuesto a vestirse y tomar parte en el régimen diario” —dice un portavoz de la cárcel de Perth— “Este se niega a ello. Debido a su negativa a usar ropa, no podemos moverlo alrededor de la prisión, es decir, todos los servicios vienen a él a su celda”. “Gough” —dice— “nunca se ha quejado de su ropa de cama o la calefacción, y trabajamos en torno a su «única y problemática» posición”.

“Yo me pongo una colcha sobre los hombros por la noche” —dice Gough— “Eso no es ninguna contradicción, porque no hay restricciones sobre mí cuando estoy solo en mi celda. Cuando me restringen en público, como resultado voy desnudo. Incluso con la colcha con la que se cubre pasa bastante frío, pero ayuda para hacer ejercicio”.

El inspector jefe Andy McCann de la policía de Tayside, cuyos oficiales con frecuencia vuelven a detener a Gough en el aparcamiento de la prisión, dice: “Hemos tenido y seguimos teniendo conversaciones con el Sr. Gough para buscar una solución de compromiso. Hemos sugerido que lo trasladasen a una prisión inglesa, o trasladarlo al término de su condena, pero éstos acuerdos no han sido aceptables para él”.

Gough quiere salir de la penitenciaría de Perth y hacer su camino de regreso a Eastleigh desnudo. Cualquier otra cosa es rechazada como una «solución negociada». Debe ser liberado para el verano. ¿Volverá a caminar desnudo, y entrará en una inevitable sentencia?

“Sí, sí” —asiente con firmeza— “Esa es mi posición”.

Así que volvemos al principio: un hombre de 52 años de edad, amenazando con sacrificar su libertad por una cuestión de principios que, aunque de forma lógica y coherente, también es completamente frustrante y le ha costado su relación con sus dos hijos adolescentes.

Él les escribe pero no recibe ninguna respuesta.

“Si yo tuviera un padre que estuviera haciendo esto, probablemente estaría confundido” —dice— “Supongo que a medida que crezcan, y aprendan más acerca de cómo es la vida, entenderán cual es mi manera de pensar. Estoy pensando a largo plazo. Mi ex-pareja está enfadada porque no veo a mis hijos – Pero yo también lo estoy”.

Él no ha oído hablar de Roberts desde hace un tiempo, aunque ella me dice que apoya firmemente su postura. “Él está reivindicando el derecho del individuo a ser indivuduo” —dice— “Para mí, Steve es un héroe”.

Los grupos naturistas que una vez que se reunieron fuera de los tribunales para darle ánimos hace tiempo que se fueron. Su madre tiene 85 años y “ya no está tan bien”. Hace diez años encontró su desnudez divertida. “Ella pensó que era una divertida excentricidad británica, al igual que los Monty Python tocando el piano desnudos. Ahora realmente no entiende por qué todavía estoy aquí”.

“Ella no tiene ningún apoyo, ni dinero, sólo su fé.”

Después de dos horas de conversación, la desnudez de Gough se ha desvanecido hasta la insignificancia. Es una presencia magnética, implacable en su narración, con la velocidad de su voz fluctuando en lucha por mantenerse con sus pensamientos.

Trata de replantearse la soledad que siente, diciéndose a sí mismo que «la conexión» con los demás que echa de menos, la puede encontrar de alguna manera dentro de su propia mente. Sin embargo, él admite que cuando tiene un deseo primordial de “tener una conversación seria con alguien. “Tengo que coger” —dice— “y asegurarme de que no se convierta en melancolía”.

Él escribe a sus seguidores de todo el mundo y se apodera de la interacción cuando surge la oportunidad. “Mi umbral para una charla intranscendente es mayor de lo que debería ser”’. Él se ríe. “La otra noche tuve una larga conversación con un preso fregando los suelos sobre mi tipo favorito de tortitas”.

Cuando tiene breves encuentros con los otros presos, dice que siente una camaradería instantánea. “Todos sufrimos privaciones duraderas y pasamos por las mismas dificultades juntos”.

Lo que más echa de menos de la ropa son los bolsillos (“Un lugar donde poner mis manos”), y su desnudez le obliga a ver las venas varicosas en sus piernas “que no me gustan”. Él prefiere colocar su lucha en una escala superior, pero a veces la necesidad constante de rendir cuentas por su comportamiento puede ser insoportable. Goods describe ocasiones en el tribunal cuando Gough se rompió por completo. “Le pidieron que explicara su posición. Hacer las cosas bien significaba mucho para él, y no pudo hacerlo. Le entró congoja y se puso a sollozar”.

Cuando le pregunto a Gough un resumen final de su punto de vista, dice, “Verdad y libertad son conceptos difíciles de entender. No pueden ser captados por la mente”.

Gough posa para el fotógrafo, él no se mueve como un hombre desnudo. Es tieso y ágil, golpeando con los pies endurecidos en el suelo. Se trata de un hombre que ha estado desnudo durante casi seis años. Es extraordinariamente difícil imaginarlo vestido. El fotógrafo le pide que ponga sus manos cubriendo sus partes. Gough se niega cortésmente, explicando que esto no sería más que otra forma de ceder en la pureza de su posición. En su lugar, estira los brazos e hincha el pecho, enmarcado contra la luz invernal.

Dos días después de mi visita, he recibido una larga carta de Gough explayándose en las razones de su postura. Es un manifiesto extenso, con muchos rodeos interrumpidos por momentos de aguda percepción. Concluye: “Podemos terminar viviendo la vida que los demás esperan de nosotros o vivir sobre la base de nuestra propia verdad. La diferencia entre vivir una vida consciente o una inconsciente. Y esa es la diferencia entre vivir y no vivir”.

 
Carta de Steven Gough a la gente de Apnel

Gough, la historia de un preso político

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