Un cuento para contar en navidad

El santa clauss de la cocacola
Otro santa clauss icónico

Nuestro protagonista nació en el año de 1791 en una época de revoluciones sociales, poco antes de su nacimiento se sucedieron la revolución americana y la francesa, se escribió la Declaración de los Derechos del Hombre y del Ciudadano, texto precursor de la Declaración Universal de los Derechos Humanos, se redactaron las primeras constituciones liberales como la norteamericana y la francesa que dieron lugar a las democracias modernas y, tristemente, Mozart muere el 5 de diciembre.

Siendo aun muy jóven se ve envuelto en la guerra anglo-estadounidense de 1812, una secuela de la guerra de independencia que declaró EEUU al Reino Unido y que no ganó nadie.

También fue trascendelista, miembro de un movimiento filosófico-religioso que buscaba a dios de forma personal, prescindiendo de las religiones organizadas y el exceso de intelectualismo en la teología de su momento, eran individualistas y estaban muy influenciados por el hinduismo, buscaban una vía intuitiva basada en la capacidad de la conciencia individual, sin necesidad de milagros, jerarquías religiosas ni mediaciones.

Pero nada de eso fue lo que le hizo famoso sino su lucha por su propia imagen, por su derecho a que ni el estado ni la sociedad le impidiese lucir aquello que lo definía, y que, para el, se convirtió en toda una convicción y una ideología.

Nuestro héroe con gorro rojo
navaja

En mayo de 1830, Palmer fue atacado por cuatro hombres a la salida de un hotel en Fitchburg, Massachusetts. Armados con navajas los hombres trataron de obligarle por la fuerza a cambiar su imagen, que por aquel entonces eran considerada inmoral. Pero Palmer se defendió y apuñaló a dos de sus atacantes con una navaja, y por eso fue detenido y acusado de «asalto no provocado». Fue condenado a pagar una multa de diez dólares, más otros cuarenta por la costas del juicio. Y pese a que tenía el dinero, Palmer se negó a pagar. Eso equivalía a admitir su culpabilidad y lo más importante, a renunciar a su derecho a su propia imagen.

Al negarse al abono de la sanción, fue encarcelado durante 15 meses, una condena agravada ademas, por el régimen de aislamiento en el que estuvo varios meses.

Un periodo que el propio Palmer contó en un detallado diario donde registro las palabras y las acciones de sus sádicos carceleros, las experiencias con los compañeros de prisión, y su firme resistencia a los esfuerzos del Estado y la sociedad para el cambio de sus hábitos y opiniones poco convencionales para la época.

Las primeras semanas tras las rejas estuvo enfermo. Luego fue golpeado varias veces por los carceleros y a punto de morir de hambre. Aislado durante varios meses, y amenazado por otros prisioneros que intentaron por la fuerza que renunciase a ser él mismo, Palmer seguía proclamando su inocencia.

En su cautiverio escribió cartas que pasaba de contrabando a su hijo, epístolas que fueron publicadas en el Worcester Spy y ampliamente difundidas por otros periódicos. Fue así como la historia del prisionero de Worcester se conoció en todo el país.

A lo largo de su encarcelamiento, Palmer insistió en que era inocente y que pagar una multa, aunque fuera de sólo de diez dólares era admitir su culpabilidad.

El caso de Palmer se convirtió en una vergüenza para las autoridades del condado, que se dieron cuenta de que su pena superaba con creces su «crimen», y por eso enviaron varios comités a la cárcel para convencerlo de un cambio de actitud.

Pero no fue hasta que David Brigham, el juez que le había multado le visitó en prisión y le chantajeó moralmente con una carta de la madre de Palmer, una mujer de mas de ochenta años, rogándole que volviera a casa. El 31 de agosto de 1831, después de más de quince meses de prisión, Palmer pagó la multa y salió de la cárcel.

A su salida de prisión Palmer se interesó en la reforma política y religiosa. También estuvo involucrado en la reforma penitenciaria y fue uno de los primeros abolicionistas. Se unió a la comuna utópica Fruitlands, una comunidad agraria basada en las ideas del trascendentalismo.

Palmer murió en 1873 a la edad de 84 años, está enterrado en el Cementerio Evergreen en North Leominster y su epitafio recoge su lucha por su propia imagen.

El caso de Palmer fue recogido por el profesor de la Facultad de Derecho de Harvard Zacarías Chafee en un libro sobre la libertad de expresión. Donde refutó los intentos de justificar el encarcelamiento de aquellos cuyas palabras o comportamiento suscitan reacciones violentas en los demás.

Hoy en día Santa Clauss, el personaje más entrañable de la navidad americana, lleva orgulloso el motivo por el cual fue perseguido Palmer.

La tumba dedicada a Joseph Palmer

Si habéis leido hasta aquí y desconocéis cual es el motivo por el cual fue perseguido Palmer, el motivo por el cual era considerado inmoral y antisocial y que le llevó a la cárcel donde fue torturado y humillado no busqueís nada escandaloso, al menos a nuestros ojos.

Curiosamente una década después de morir Palmer el presidente de los EEUU Abraham Lincoln sería el primero en su cargo en lucir aquello que tantos quebraderos de cabeza le causó a nuestro héroe y no era otra cosa que su derecho a lucir barba.

Stephen Gough en la cárcel

Como hemos dicho al principio, esta es una historia muy vieja que se repite una y otra vez, una sociedad intolerante y una justicia prepotente retorciendo las leyes y las sagradas tradiciones para perpetuar sus prejuicios golpeando con fuerza a quien piensa y actua distinto. Doscientos años después Stephen Gough está de nuevo en la cárcel por defender lo mismo que el heroe de este relato pero esta vez va camino de cumplir quince años de cautiverio en lugar de quince meses y las injusticias que antes escandalizaban ahora se consideran normales.

Doscientos años más tarde parece que nada ha cambiado, ahora la gente lleva barba pero por que es aceptado, si a uno se le ocurre sobresalir con una idea que resulte ofensiva a los guardianes de la moral que se prepare para una larga lucha

Un cuento para la navidad

Una historia de un héroe para contar estas navidades, y en cualquier época

 
 

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