Un día en la playa nudista

Por Virginia

Soy de ese tipo de madres que piensan que las chukinas deben tener una visión periférica de la vida. Sí… su formación será más completa si experimentan aquello que yo no tuve, lo que mis ojos no vieron y me costó presentarme a múltiples exámenes de septiembre con relativo éxito.

familia nudista
 
 

Por ejemplo: el nudismo. Ese gran invento. No entiendo cómo los humanos nos empeñamos en tapar nuestros cuerpos en la prehistoria con el gustazo que da despelotarse en la playa para que se nos meta la arenilla y sus correspondientes bichos por todos los pliegues de nuestra anatomía, contorsionada en escorzos tan estéticos que no sabes bien dónde empieza un culo y dónde termina el michelín.

Pero no, no penséis que soy esa mujer retrógrada y llena de pudores. A mí el despelote me rechifla, sobre todo en el baño de casa y bajo la ducha. Pero da la casualidad de que la playa más bella de cuantas me rodean es nudista sin prejuicios. O sea, que puedes ir en biquini sin que te miren mal. Y como mis chukis deben aprender todo eso de la naturalidad del cuerpo, allá que nos fuimos ayer.

Tras una caminata bien larga desembarcamos y pronto fuimos testigos de un frenesí de culos, pechos y colas felizmente trotonas que hicieron las delicias de mis chukis.

Como los niños y los borrachos no mienten, la little chukina fue la primera en expresarse: 

-¡Pero que asco!-

Gente en la playa
 

-¿Asco?, hija, esto no da asco, son cuerpos como los nuestros y lo mejor es que mires a la gente a los ojos…(tono académico, aséptico, levemente dogmático y superfalso)

-Ya, sí, pero es que se les mueve todo y se nos va la vista (adolescente dixit)

-Chicas, debo deciros una de esas verdades que se transmiten de generación en generación (tono solemne, pelín sobreactuado, redoble de tambores): “Vistas diez colas, vistas todas”.

Y sí, al poco rato mis vastaguillas habían perdido el interés por el asunto, pero a mí me salió la vena comentarista CNN (está ocurriendo, se o estamos contando):

-Mira, ese la tiene pequeña.

-Mamáaaaaaaaa. Deja de decir guarradas!!

-Si yo es por ilustrarte, que luego todos los gatos son pardos.

-¡Que no quiero hablar de ese tema!

-Yo que iba a contarte cuando tu tío se lió con una hierbas y lo llevó a una playa nudista y se le quemó la cola..

-Jajajajajajajajajajajaja!! ¿Pero eso se quema? Cuéntamelo, porfa…

La jornada playera estaba siendo un éxito, y el mal rollo con el que llegamos mi ado y yo se había evaporado gracias a unos apéndices penduleantes.  Pensé en lo que me gustan los hombres con sus bañadores largos y lo bien que sientan los biquinis a la caida gravitatoria de las carnes. A mi alrededor, mis modernos amigos hacían sus comentarios modernícolas:

 
 
 
 
 
 
 
 
 

-¡¡Pues yo estoy en contra del nudismo y hasta las narices de ver pollas!!! Esto parece una carnicería! (con perdón, reproduzco por su interés el comentario masculino con exactitud y sin escatimar matices enfáticos)

-Ya, lo que pasa es que aquí las comparaciones son odiosas.

-Madre mía, a ese se está achicharrando las pelotas.

-¿Y tú qué haces mirándole?

-Es que ha pasado a dos palmos de mi cara, mujer…

Moraleja: el ser humano textil suele sobreactuar cuando entra en territorio “descapotable”. Y cuanto más natural trata de ser, mucho peor.

Pero mis chukinas están preparadas para lo que vendrá, sea hombre o mujer. Y no tendrán que mirar libros a escondidas y webs para comprobar que cada cuerpo es diferente, que todos somos imperfectos y que no hay nada tan incómodo como la arenilla en el culo.

Con perdón…

Constatado: nueve de cada diez cuerpos mejoran con un trozo de tela acá o allá.

 

Un día en la playa nudista

Una familia textil va a una playa nudista para que sus hijos crezcan sin prejuicios

 
 

Un comentario

  1. jose dice:

    una bonita experienia poner andar sin nungun complejo de nada

Dinos que te parece

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